miércoles, 29 de julio de 2015

Atipanakuy o Danza de tijeras



La “Danza de tijeras” es una vistosa danza tradicional peruana, originaria de Ayacucho que fue reconocida en 2011 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, por la UNESCO 

Se atribuye al escritor José María Arguedas la difusión de la danza, que describió en cuatro de sus obras. El protagonista de su cuento “La agonía de Rasu Ñuti”  (1962), por ejemplo, es un “danzaq” (danzante en quecha). El escritor acuñó el término "danzante de tijeras", porque los bailarines  llevan en su mano derecha  unas “tijeras”. elaboradas por dos placas independientes de metal. Los danzantes entrechocan sus tijeras de unos 25 cm como parte de su baile.
Como se observa en las imágenes, el vestuario incluye sombrero, plumas y cintas de colores, y un elaborado y colorido  traje y por supuesto las “tijeras”.
La danza tuvo un origen ritualista  de carácter mágico religioso, que algunos investigadores han rastreado a la lucha contra los españoles, en época de la conquista. Se consideraba  a los primeros danzaq descendientes  de sacerdotes del culto a las deidades andinas. El aprendizaje de la danza se trasmite de generación en generación, en familias que se dedican a su práctica, a partir de la infancia. Esta danza  también se practica en otras regiones de Perú con algunas variaciones.
Hay dos coreografías básicas que se desarrollan al ritmo de la música de arpa,  violín y los metales de los bailarines entrechocando.
Hay una "danza menor" (“Qoila aliva”)  que se baila en forma colectiva en las festividades.  Pero la mas llamativa es la "danza mayor" (denominada “Atipanakuy”, confrontación o lucha en quechua) donde dos danzaq bailan por turno retándose  a superar el riesgo de los pasos que cada uno realiza. Debido al esfuerzo y desgaste físico requerido cunado se genera una competencia entre danzantes, a los ganadores se los consideraba iluminados por las divinidades andinas.

En el Video en Youtube  se observa la representación de la Atipanakuy en la callePueden observarse los trajes, pasos de los danzantes y la música, acompañada del ritmo de las tijeras. 




miércoles, 15 de julio de 2015

Consumo de yerba mate.

Hay una costumbre que se comparte en el sur de América. En Uruguay, Paraguay, Argentina, sur de Brasil y algunas regiones de Chile y Bolivia se consume la yerba mate. Un dato curioso es que en Siria también se consume, a partir de la emigración  cruzada entre Siria y Argentina 
La yerba mate ("ilex paraguariensis") se cosecha y seca al sol o mediante el empleo de leña dura. Luego se muelen hojas y tallos,  que se mezclan para su consumo mediante infusión.
La yerba mate se mezcla con una proporción variable de hojas y tallos, dependiendo del país en donde se consuma. En Paraguay y Brasil la proporción de tallo  es mayor, sin embargo para el mercado uruguayo y chileno la proporción de hoja es mayor, aumentado de ese modo la duración e intensidad del sabor de la infusión.    
En Uruguay se denomina mate a la infusión y a la calabaza donde se consume. En este país el mate se consume por lo general amargo, pero siempre caliente.
En la imagen puede observarse el fruto de la "lagenaria siceraria", enredadera que provee de las calabazas que han servido como recipientes desde antes de la colonización de América.. Con esa misma calazaba se elaboran en Perú los mates burilados.
El consumo de yerba mate era frecuente entre el pueblo guaraní que habitó en la zona. Luego de un intento fallido de erradicación de esa costumbre al principio de la colonia, por parte de los sacerdotes católicos,  el consumo de mate fue adoptado por españoles, portugueses y criollos, dando lugar a una cultura que se irá describiendo. 
Daniel Vidart, antropólogo uruguayo, escribió: "tras el ademán litúrgico de preparar, cebar y tomar mate hay una concepción del mundo y de la vida... El mate vence las tendencias aislacionistas del criollo,  empareja las clases sociales...Y en todos los tiempos fue el mate el que hizo la rueda y no la rueda la que trajo al mate".

En un video se muestra como se prepara la infusión puede resultar muy útil para quien quiera familiarizarse con su consumo. Como se ve su consumo presenta distintas características según la región.  



jueves, 25 de junio de 2015

Cerámica de Quinchamalí, en Chile

La alfarería "de Chillán" se comercializa en esa ciudad pero se elabora a treinta kilómetros de allí, en la aldea Quinchamalí a los pies de los Andes. En la zona donde se elaboran esas piezas habitaron los Araucanos o Pehuenches, que trabajaban en alfarería, con las técnicas que emplean los artesanos de la actualidad.   La greba negra,  necesaria para varios meses de trabajo, se junta lejos de la aldea en forma colectiva, esto se ha hecho así por generaciones.
Cuando la cerámica se cuece pasa del rojo al negro debido a un fino polvo de carbón que se mezcla con la arcilla. El aspecto también se logra a partir de la quema y ahumado de las piezas en el horno. Se la decora con líneas geométricas, por lo general blancas, y su aspecto reluciente se debe al bruñido del barro con piedras especialmente pulidas.
Son piezas elaboradas por los artesanos en el hogar y se las cuecen en hornos subterráneos, muchas veces alimentados por paja o guano.

Por lo general se reconocen cuatro tipos:
1. Un tipo araucano. Se trata de vasos o tazas, de forma sencilla, en forma de aves.
2. Un tipo que recuerda la cerámica incaica. Se trata de vasos dobles unidos por un asa en común.
3. Un tipo reconocido como propiamente chileno. Se trata de vasos y botellas que por lo general representan a mujeres cantando o tocando el arpa o la guitarra.
4. Un tipo que se puede relacionar con la cerámica europea. Se trata de vasos, teteras o fruteros.

Fuente: conferencia del Dr. Giusseppe Mazzinni, recogida en la Revista de Arte nº 10 de la Universidad de Chile.

Video sobre la alfarería de Quinchamalí



viernes, 12 de diciembre de 2014

Toritos de Pucará o de Pupuja


Los toritos de Pucará vigilan y protegen los hogares, por eso se los coloca en los aleros de las casas en Perú. Tienen sus lenguas afuera porque lamen la sangre que gotean de sus fosas nasales. Son "bravos  toros de lidia," que representan el vigor.

En la región de Puno se celebraba una fiesta de origen español: se pintaba a los toros y se les colocaba picante en las fosas nasales.  Los pobres animales sufrían por el escozor, esa situación ha quedado plasmada en la imagen de los toritos que se han transformado en uno de los iconos andinos. Los toritos, como los cajones de santos, surgieron asociados a las ceremonias de marcación del ganado. Los campesinos los empleaban para pedir por la fertilidad de los rebaños, protección de los hogares y felicidad de las familias.

En la actualidad se los ubica en los tejados de las casas (de a dos, acompañados por banderas nacionales, cruces, escaleras o flores artificiales). Cuando se viaja en tren desde Agusa Calientes a Cuzco se los puede ver encima de muchos tejados. Los toritos son guardianes del hogar, cuidan a los animales en los corrales y bendicen las parejas que se forman.

Estos toros deben su nombre mas popular al hecho de que hace años se los comercializaba en la estación de tren de Pucará, a pesar de que eran elaborados por artesanos en Santiago de Pupuja, un pueblado cercano a Pucará.

En el video un artesano muestra la elaboración de los toros y relata su historia 
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miércoles, 3 de diciembre de 2014

Arte popular: tensiones en su evolución


Efraín Franco, investigador mexicano, sostuvo en su libro “Cultura popular y artesanías” que resulta difícil distinguir los términos “artesanía” de “arte popular”. Quizás esa distinción no importe demasiado a quienes no son estudiosos del tema. Sin embargo, Franco propuso una definición del campo del arte popular que resulta interesante. Para el autor “éste incluye entre otras cosas, artesanías con intención artística y folklórica”.  
Daniel Rubín, también mexicano, define al arte popular como:

“el conjunto de manifestaciones artísticas producidas por comunidades autóctonas que a través de sus obras interpretan y dan sentido a la vida. Hoy en día éste se mantiene como una fuerza dinámica que sigue funcionando como vía de expresión de la sociedad”. No debería sorprender que haya tanta literatura generada en México sobre la temática. El arte  popular mexicano es muy rico y variado.

El arte popular podría ser pensado entonces como el resultado de expresión de la sensibilidad de las comunidades, que se expresa mediante la plástica o la música, entre otras manifestaciones. En ese campo conviven, en un difícil equilibrio, el mantenimiento de las tradiciones y la innovación.

Algunos exponentes del arte popular latinoamericano han ido desapareciendo o mutando   (no siempre para mejorar) como resultado de la demanda del comercio mayorista. Quienes monopolizan las ventas definen los criterios y se quedan con gran parte de las ganancias.

Lamentablemente, algunas piezas de cerámica ya no se fabrican, como las cocinas económicas de Pomaire, en Chile y la característica cerámica de Tabotí en Paraguay. También ha cambiado el colorido de ciertas piezas, sobre todo a partir del abandono de la tinturas naturales. Esas modificaciones han cambiado la fisonomía de las máscaras de madera del norte argentino o los árboles de la vida mexicanos, para tornarse atractivos según las modas imperantes. También se encuentran en los mercados artículos semi-industrializados de bajo costo y de mala calidad.

Referencias:

Frías. E (2005.) Cultura popular y artesanías. Zafiro: México.
Rubín, D (1974. Arte Popular Mexicano. Fondo de Cultura Económica: México

sábado, 29 de noviembre de 2014

Mates burilados peruanos

En el complejo arqueológico de Huaca Prieta se encontraron dos calabazas talladas. Tienen 3500 años de antigüedad. Es que la confección de artesanías ornamentales a partir de los frutos de la calazaba ("lagenaria sicerania")  es una costumbre ancestral peruana.
En la actualidad se elaboran  en el valle de Mantaro, Provincia de Huanta y Huancayo.  Las familias de artesanos se van trasmitiendo los conocimientos necesarios para continuar con la tradición.


Los mates se confeccionan mediante el burilado, pirograbado y pintado. El burilado es un tallado realizado con un "buril de quinua", clavo de acero cuya punta es modificada o pulida por los artesanos para trabajar con los mates. La punta puede ser triangular, plana, fina o gruesa. El fondo negro o marrón de las escenas  se consigue a partir del quemado, con tizones o en el horno, o el teñido con cenizas de Ichu. Algunos artesanos en la actualidad emplean sopletes. Los mates se pueden hervir en anilina o pintar con pintura blanca.

Los motivos de los mates representan la vida de los campesinos y sus actividades. Hay mates burilados de distintos tamaños, muchos de ellos de gran belleza.

Video sobre la elaboración de mates burilados relatado por los artesanos que los elaboran desde hace generaciones en el pueblo de Cochas, cerca de Huancayo
   

Evolución del término arte popular.

Foto del museo en su página web
Se presenta aquí una muy buena explicación de la evolución del término Arte Popular, publicada en el blog del Museo de Arte Popular José Hernández de Buenos Aires:

"...Al fundarse el Museo en la década de los años 40 el concepto de Arte Popular hacía referencia, entre sus promotores, tanto a las artesanías de raíz criolla e hispanoamericana como a las de los pueblos indígenas localizados en diferentes lugares de la Argentina y América. Se incluía en este concepto también los componentes materiales de los géneros orales como la narrativa, la poesía, la danza, la música y las celebraciones populares. Se puso énfasis en la formación y la exhibición de los repertorios de objetos y en la clasificación de los documentos. Pero se terminó obviando a los protagonistas, se silenció la voz de los artesanos, su identidad personal, se mediatizaron sus saberes y se romantizaron sus reales condiciones de vida.

En esa época – y hasta fines de los años 60- el filete y otras manifestaciones muy reconocidas hoy en día como la artesanía del vidrio, el vitraux, el macramé o la taracea, estuvieron excluidos del campo de arte popular en la Argentina. Mucho más lo estuvieron las celebraciones populares como el carnaval o la murga urbanos, hoy plenamente aceptados por la gestión cultural. Aún hoy en Argentina hay manifestaciones, como las denominadas labores femeninas – el bordado, el tejido a dos agujas, el crochet – que continúan siendo poco tenidas en cuenta en la gestión del campo del arte popular.

A partir de los años 70 la designación arte popular comienza a referirse a aquellas manifestaciones culturales con un plus estético que se encuentran en los bordes de los circuitos de jerarquización establecidos por la gestión de campo de las Bellas Artes (galerías, museos de arte, academias, salones, premios, etc.) o que se manifestaban en forma espontánea entre determinados grupos, ya fuera que continuaran un canon étnico o tradicional ya que fueran manifestaciones que en apariencia no respondían a reglas preestablecidas comunitariamente como los grafitis.

 En paralelo a esta postura se inicia en los años 80 en Argentina – aunque tiene en otras partes del mundo su antecedente en los años 60- una productiva y activa tendencia que intenta tener presente el carácter performativo del arte popular, su carácter emergente y siempre situado localmente. Todo un desafío para los museos y archivos como agentes privilegiados en su transformación en patrimonio cultural.

 En el presente las principales ferias artesanales del país reservan esta designación para aquellas obras de artesanos que tienen un carácter representativo de escenas o personajes populares o que no tienen una funcionalidad utilitaria como las artesanías. Se incluyen también en esta categoría las diferentes variantes de la pintura decorativa como el fileteado.

En otros museos del mundo se utiliza indistintamente las expresiones arte popular y arte folk para designar repertorios de objetos, utilitarios o no, que tengan raíces en la tradiciones culturales de determinados grupos (étnicos, religiosos, ocupacionales, de edad, etc.) en el seno de la sociedad global o nacional y que comparten cánones espontáneos, pero reconocibles, de técnicas, formas y valores estéticos y simbólicos. Estos cánones pueden ser comunitarios, de fusión entre varias tradiciones y aún personales de cada artesano y artista popular."

Texto extraído del blog del Museo.
Enlace al blog del museo

martes, 30 de julio de 2013

Alebrijes de Oaxaca.

Los "alebrijes" de madera son una artesanía mexicana que se elabora en el Estado de Oaxaca.

Son criaturas talladas y pintadas a mano con colores vivos y decoradas con mucho detalle.

Por lo general representan animales imaginarios donde se combinan características de diversas especies. En ese aspecto son similares, o "descendientes" de los alebrijes de cartón de Ciudad de México..
En Oaxaca relatan que se comenzaron a elaborar en el pueblo de San Antonio de Arrazola.  Al visitar el pueblo en la actualidad se encuentra a los alebrijes en pequeños locales que los pobladores han establecido para comercializarlos. Se puede conocer a los artesanos y aprender sobre su elaboración.

En varios pueblos del valle de Oaxaca también se los elabora. Son tan populares que un cuadro de fútbol y un grupo musical  de Oaxaca han adoptado su nombre.



lunes, 22 de julio de 2013

Sincretismo andino: los Cajones de San Marcos


El Cajón de San Marcos es un muy buen exponente del sincretismo entre la cultura andina y la cultura española. Este cajón, con el correr del tiempo, dio origen al retablo peruano contemporáneo.

Primero fueron las cajas de santos.
Hasta mediados del siglo XIX los pastores de la región de Ayacucho cargaban unas cajas  con pequeñas piezas talladas en piedra que representaban ciertos santos. Muchos de los pastores trabajaban encima de los 3000 metros de altura y las “cajas de santo” cumplían una función mágico-religiosa,  para proteger los rebaños.
El reconocido artesano Joaquín López Antay empleó una técnica desarrollada en el seno de su familia. Con las pequeñas esculturas de piedra de Huamanga de las cajas de santos fabricaba moldes para replicarlas en otro material. De esa forma se podía ahorrar tiempo y dinero en la elaboración de las cajas. Las nuevas piezas se confeccionaban con una mezcla de yeso y papa que, una vez seca, endurecía como la piedra y se coloreaba con pintura de tela.

A mediados del siglo XIX los arrieros andinos comenzaron a encargar cajas más elaboradas: así surgieron los Cajones de San Marcos que transportaban de pueblo en pueblo. Esos cajones se convirtieron en el centro del rito anual más importante de la producción ganadera: la marca del ganado o yerra. En el taller de López Antay se elaboraban muchos de ellos

.El simbolismo de los Cajones.

                                                     
Cada cajón simboliza un “Apu” o dios tutelar andino, la poderosa montaña que protege a los hombres. Lleva en su interior la representación de la ceremonia del marcado del ganado, dividida en dos pisos que simbolizan dos mundos.
Alicia Seade, especialista en este tema, describe los símbolos presentes en los Cajones.

En el piso superior, como en las antiguas cajas, se presentan las divinidades protectoras de los animales. En el centro se encuentra  San Marcos -el más importante de todos y que protege al ganado vacuno- rodeado de Santa Inés –o Santa Clara, protectora de las cabras- y San Juan, protector de las ovejas y su pastor. También pueden parecer San Lucas, que protege al ganado de sus depredadores naturales y San Antonio de Padua –con un niño en brazos-, protector de los asnos y burros.

En el piso inferior se representa una historia terrenal que se desarrolla en dos tiempos. A la izquierda se encuentra "la Pasión", representada por verdugo y un hombre herido colgado cabeza abajo, su sangre baña a la tierra (alimenta a la Pacha Mama). Cerca del hombre se encuentran dos mujeres que lloran, piden por la vida del hombre, un ladrón de ganado. En el centro se encuentra un hombre con un brazo levantado, en ocasiones con un libro abierto (que a la vez representa el libro sagrado y el libro de contabilidad)  en la otra mano, es el patrón que termina por perdonar al hombre. A quien lavan y le entregan una botella de aguardiente. A la derecha se encuentra "la Reunión", se representa la fiesta: hay animales, vendedoras de queso y músicos, entre otros.

El Cajón -donde conviven los santos con elementos propios de la religiosidad andina- fue utilizado en los ritos de herraje de ganado y protección de los hogares y se dejó de fabricarse en las primeras década del siglo pasado. Alicia Seade Delboy, de quien tomamos mucho de lo que aquí se plantea, se ha dedicado a investigar la historia de los cajones y a restaurarlos.